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jueves, 18 de julio de 2013

Alojarse en un Riad

Como decíamos ayer....
 
Acabo de llegar a Marrakech. Según se iba aproximando el avión a la ciudad, entiendo porqué es conocida como la ciudad roja. Parece ser que cada ciudad tradicional marroquí tiene su color. El de Marrakech es el rojo. Este color parece ser tomado del color natural de la tierra local: el rojo - ocre. Las casas, en su mayoría,  están pintadas en ese color, sobre todo en el casco histórico.
 
De ese color rojo-ocre debía estar poniéndome yo, ya que la furgoneta que me traía había estado aparcada a pleno sol en el aeropuerto esperándome. Dentro se podía cocer un huevo (o los dos). Menos mal que el trayecto dura poco y el aire acondicionado va haciendo su efecto cuando entramos dentro de las murallas que circunvalan la ciudad antigua.
 
Me alojo en un riad. Los riads son antiguas viviendas que se han rehabilitado al estilo tradicional y se utilizan para el alojamiento turístico. Están en el centro de la ciudad y se distribuyen alrededor de un patio central en el que no falta el agua. Parece mentira el cambio que se produce cuando cruzas la puerta. Fuera queda el griterío, ruido, polvo, motos y caos. Tan sólo has atravesado la puerta y todo cambia.
 
Ni que decir tiene que dentro tienes todas las comodidades de un hotel: aire acondicionado, wifi ...Es por eso, quizá, por lo que estén de moda. La mayoría de la gente que he conocido en este viaje se alojaba en uno. En el que me alojo, he olvidado decirlo, es el Riad Dar Othmane.
 
Para llegar aquí, la furgoneta me dejó en una placita en medio del caos (porque ya no llegan los vehículos más lejos). Allí me estaba esperando otro con una bici con remolque para llevar maletas que me trajo hasta el riad. ¿Llegar yo solo hasta aquí?... no creo que hubiera podido. Esto no  es como cualquier otro lugar que recuerde, esto es único.
 
Me recibe Hassan (el dueño o encargado, no lo sé) con la tradicional hospitalidad de esta parte del mundo. Me sirve un té con pastas y zumo de naranja, charlamos, me refresco un poco y me acompaña a la calle para que me oriente de vuelta.

Empieza el pateo.






 
 


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