Ya he llegado. Mejor dicho, llegué ayer después de un par de horas en el pájaro de hierro.
El viaje, bién, como siempre. Esta vez, los chicos de Ryanair, no tocaron las trompetillas que indican que el vuelo ha llegado en hora. Lo hicimos con algo de retraso por causas desconocidas. Lo único que sé es que nos metieron prisa para embarcar para después tenernos en la pista esperando. Así es la vida, mejor tomárselo con calma y que me sirva de entrenamiento para lo que me queda por ver.
El vuelo, como siempre. Alguna vez he reflexionado acerca de que, menos mal, que estos vuelos duran poco. Si duraran más uno terminaría degollando a las azafatas que intentan venderte unos boletos de rifa, colonia, bebidas y hasta la corbata del piloto si se ponen. Supongo que lo hacen porque es su trabajo, no porque quieran. Es lo que tienen las low-cost.
(Por cierto, no era yo uno de los que pedía que viniera el Rey Herodes a llevarse a los niños esos que "porculearon" todo lo que quisieron en el vuelo. La verdad es que se aburrían y querían compartirlo con el resto del pasaje).
Bueno, lo dicho, que llego al aeropuerto y tras pasar el control de pasaportes y cambiar algo de dinero, me dirijo a la salida donde me espera un conductor con el típico cartel con mi nombre. Nada mas salir, mil ojos se fijan en mi. Son los conductores que esperan a sus clientes con el cartelito... al final encuentro al mío. Salimos y en la misma puerta, recibo una bofetada de calor seco que me recuerda donde estoy.
Estoy en Marrakech. La ciudad roja me espera. 50 horas en Marrakech
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